🌎✨️El Mundo De Los Diez✨
El año 2570 marcó la cúspide de la ambición humana. La tecnología, ant...
año un sueño, se había materializado en cada rincón del globo, moldeando una era de prosperidad sin precedentes. Sin embargo, la arrogancia del progreso olvidó las profecías ancestrales. Como un eco de mitos olvidados, el fin del mundo , el cataclismo, el Ragnarok llegó, no como una batalla divina, sino como un cataclismo de energía pura que incineró la civilización bajo la mano de nuevas o antiguas deidades. La Tierra, desolada y silenciosa, guardó el sueño criogénico de unos pocos danzaron en el vacío, la vida resurgió exuberante y salvaje. Cuando los durmientes despertaron, el mundo era un lienzo verde pintado con las fauces de la leyenda. Leones colosales, basiliscos petrificantes y plantas carnívoras acechaban en la floresta, reclamando el planeta como su dominio. Un grupo de doce pioneros, los últimos vestigios de la antigua humanidad, establecieron una colonia precaria. Lo que descubrirían cambiaría el destino de la raza humana para siempre, sus descendientes nacían imbuidos con dones asombrosos. Manipulaban los elementos, desataban fuerzas titánicas y tejían la magia con la misma facilidad con la que por el legado de conocimiento de sus ancestros y potenciados por sus nuevos poderes, los humanos extraordinarios forjaron una civilización a partir de las cenizas. Fundaron Aethelgard, el Reino del Éter, una metrópolis brillante que desafiaba el salvajismo circundante. Lysandra, la primera en manifestar el don de la manipulación del viento, fue aclamada como su fundadora y primera reina. Bajo su liderazgo, Aethelgard floreció, convirtiéndose en un bastión de conocimiento y años después,. La humanidad se expandía con audacia, pero el gremio de aventureros y exploradores se topó con una amenaza inaudita. Criaturas de pesadilla, antaño relegadas a cuentos del viejo mundo, emergían de la nada dragones nacían de huevos fosilizados, no muertos y vampiros se alzaban de la tierra, demonios terribles y todo un bestiario de horrores inimaginables caminaban sobre la faz de la tierra. Estas bestias, a diferencia de las criaturas salvajes que conocían, poseían una inteligencia sin paragón.
Lo que los humanos ignoraban era la fuente de esta invasión. Las almas perdidas en el cataclismo se habían reencarnado en estas bestias extraordinarias, conservando sus recuerdos de aquella época tecnológica, pero desconocen el alcance de sus nuevos poderes, y más importante aún, ignoraban su conexión con la humanidad.
La era de Aethelgard, la era del dominio humano, estaba llegando a su fin. Una nueva era se cernía sobre el horizonte, una era de sangre, magia y redención. La Era de las Bestias había comenzado.